LOS HOMBRES SON COMO NIÑOS

Los hombres son como niños: inseguros, caprichosos, requieren de atención, aprobación, seguridad y confianza en el arte del amor.

Parecen seguros, comienzan a coquetear con nosotras, parecen mostrar interés, y de repente parecen cambiar de opinión volviéndose indiferentes.

¿Quién los entiende? ¿A qué juegan?

Cuando pensamos en esos seres bellos que a veces colman nuestra paciencia, pero nos roban más de un suspiro cuando nos miran sin máscaras ni defensas, decimos “son como niños”.

Niños en cuerpos de adultos, voluminosos, formados, bronceados, calvos, con barba, depilados, con panza, delgados, pálidos, desgarbados, musculosos: son nuestros hombres.

Así como ellos se preguntan “¿Quién entiende a las mujeres?”, nosotras decimos “¡Auxilio!  ¿Quién entiende a los hombres?” Por ejemplo, a veces un hombre muestra interés por una mujer, se miran, se coquetean, coinciden en pícaras sonrisas; y no pasa nada. No hay avances. ¡Todo queda en pausa!

Suele suceder porque estas maravillosas criaturas gustan de avanzar sobre “terreno seguro”; pero su naturaleza y cultura los vuelven “indefensos y analíticos” a la hora de conquistar.

Necesitan tener toda la certeza de que cuando se nos acerquen, nosotras diremos “sí, quiero”.

Como suelen huir del rechazo, los señores se toman su tiempo. Lo que a fin de cuentas sucede, es que muchas de nosotras somos impacientes, y no tenemos ganas de esperar.

Nos desilusionan los encuentros de miraditas y sonrisitas propias de la adolescencia, y lo que en principio era estimulador, ahora se vuelve parco.

En su afán por no mostrar su interés hacia nosotras, aplican la indiferencia; un día se rinden a nuestros pies a través de gestos que quedan flotando tácitos y al otro día “la ley seca”.

Sus conductas nos distraen y complican, creemos que “imaginamos” que había algo de atracción, y sometemos toda la información a la junta de amigas.

Relatamos miles de veces el mismo insignificante suceso, “rozó mi mano al pasarme el informe de contabilidad y sonrió”. ¿Qué significará? ¿Fue intencional? ¿Casual? ¿Querrá una relación de amantes? O ¿Formal? ¿Habrá querido mostrarme que no trae alianza? O ¿Hacerme sentir el calor de su piel?

Un cúmulo de “reflexiones”  sacamos y lo guardamos en nuestra mente. Y pensamos en ello durante largos minutos antes de dormir.

Y al día siguiente, nada. Nos convierte en invisible. La magia desaparece. Atención! No te apresures.

Los hombres son como niños; inseguros, caprichosos, requieren de atención, aprobación, seguridad y confianza en el arte del amor. Y aunque estemos cansadas de decir “siempre me pasa esto”, “siempre avanzan para luego retractarse”… Si quieres algo con él, deberás darle señales concretas y efectivas de que tienes interés en él.

No juegues a disimular tu interés con frialdad o rechazo, porque en el afán de esconder lo que sientes, perderás la posibilidad de un romance.

Además piensa, ¿para qué esconder lo que sientes? Si lo sientes tienes que vivirlo. Aprende a madurar tus emociones; no son para evitarlas. Si alguien te gusta, ¿qué tiene de malo que se entere? Despéinate de creencias obsoletas como “¿qué va a pensar de mí? ¿Creerá que soy una facilona?” Una cosa es mostrar un interés puro y sano, pues quien siente amor, fluye; y otra muy distinta es acosar a alguien.

Si quieres iniciar un nuevo vuelo en tu vida, pinta un cielo azul para que en él vuele tu cometa.

http://www.youtube.com/watch?v=q9_K4dYY7v8 

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