Abrazar el dolor

 Cuando el dolor llega a nuestras vidas, lo hace con sufrimiento, lágrimas, tristeza y fantasmas del pasado…

Quisiéramos no tener que sufrir nunca, pero el dolor es inevitable, es parte de la vida. Y aunque no nos guste, también trae cosas positivas a nuestra vida: oportunidad de cambios, crecimiento y de disfrutar de mayores victorias.

Hay tal vez muchas, algunas o pocas cosas que nos hacen sufrir, que nos hacen derramar lágrimas amargas de tristeza que nos convierten en fantasmas, fantasmas de nuestras propias vidas.

Muchas mujeres deciden ahogarse en su propio mar y decaen ante el dolor emocional; otras, deciden encerrarse en su mundo de decepciones y vivir perpetuamente en el pasado; unas cuantas optan por culpabilizarse de todo o culpar a los demás… ¿qué te pides tú?

El dolor es una alarma, un síntoma que nos dice que hay algo que hace que nuestro espíritu se envuelva en mil ataduras. Si algo duele, es porque debemos cambiar algo de nuestro corazón. Por lo general, cuando acercamos nuestras manos al fuego, nuestro cuerpo responde retirando nuestras manos; cuando vemos que un animal puede picarnos, intentamos alejarnos de ése bicho; cuando pensamos que algo puede hacernos daño, inmediatamente reaccionamos y nos alejamos de ello.

Pero con el dolor todo es distinto: haz de cuenta que por evitar una cerca llena de espinas caes a un profundo abismo. No opongas resistencia al dolor, porque cuanto más trates de desterrarlo de tu vida, más le tendrás presente a cada instante, más te causará heridas y te llenará de sufrimientos.

El dolor es algo que debemos aceptar con humildad, es una prueba de amor y valentía para nuestro espíritu, porque si nos encerramos en la tristeza, seguramente sucumbiremos y no sólo nuestra alma se perderá, sino que nuestro cuerpo también se enfermará.

Nuestro espíritu no se sana a base de negaciones, sino a base de entendimiento y comprensión. No sufrimos porque estamos maldecidas, por el contrario, lo hacemos porque tenemos un lugar muy especial en el corazón del cielo.

Piensa en todas aquellas mujeres que fueron complacidas con cada capricho: ahora sus vidas se encuentran vacías, se han llenado de falsos orgullos y su alma es el nido de desdichas. Seguramente si alguien les hubiese mostrado el verdadero sentido de nuestra existencia hubiesen tenido una suerte diferente. En cambio, las personas que hemos tenido que pasar por sufrimientos, sabemos que el camino no siempre debe estar lleno de flores, sino que los  baches también pueden hacer que nuestras victorias tengan un sabor más placentero, más alegre y pletórico de sabiduría.

Guardar dolor en nuestro corazón es un terrible acto de insensatez. El dolor debe ser la oportunidad propicia para crecer como personas y aceptar los regalos que la vida nos otorga en su inmensa generosidad. Las páginas más grises y oscuras  de nuestras vidas son el primer capullo para construir un mundo de esperanza en el que ya no veremos cielos grises sino oportunidades para entregarle el alma al arco iris de amor que saldrá tras la más dolorosa tormenta.

 

 

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